Desapareces, y de repente, una noche con un poco de alcohol se te ocurre que es buena idea volver. Y me escribes, ‘¿Dónde estás?’.
No te entiendo, en realidad no sé si quiero entenderlo.
Somos como el borracho y el alcohol, nos necesitamos aunque no lo queramos reconocer, y en tu caso cuando hay más alcohol que sangre me demuestras que en realidad no soy la única que necesita.
Somos una puta montaña rusa, que baja sin seguridad; y nos vamos a estrellar, estoy segura.
Mientras escribo esto pienso que el verbo ‘ser’ en primera persona del plural es mala idea. En realidad, ¿Somos algo? Ahora mismo está claro que no, alomejor lo fuimos, pero no fuimos lo suficiente como para que sea capaz de romperme cada vez que vienes a mi mente.
Alomejor si aquel frío Enero te hubiera dicho que si me acompañaras de vuelta no estaría escribiendo esto, no me rompería por la mañana, por la tarde, por la noche; pero tampoco hace falta pensarlo mucho, nada va a cambiar ya.
Sólo espero que esta anti-historia en la que no hemos llegado a ser; empiece o continúe.
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